domingo, marzo 13, 2005

Caminar hacia el cambio

La creencia de que cada paso, por pequeño que sea, nos acerca más al objetivo perseguido es muchas veces errónea.

Aritméticamente no toda sucesión creciente tiende al infinito, o al valor que estamos pensando o que esperamos, por lo cual el fin buscado puede no alcanzarse mediante la suma de pequeños pasos previos, aunque éstos sean muy numerosos.

Podemos parchar sin cesar esta economía y este sistema, podemos tratar de humanizarlo indefinidamente, podemos intentar hacer del mundo un lugar más justo y solidario, pero tal vez nunca logremos hacerlo en la medida que nos contente. Si además seguimos utilizando las herramientas y los criterios que nos proponen aquellos que se oponen a nuestro objetivo ¿qué posibilidades de éxito podremos tener?

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo el presupuesto militar global es vergonzosamente superior a lo que se requeriría para acabar con el hambre y proporcionar salud y educación a todos los necesitados del planeta. Un mundo así no es una cuna adecuada sobre la que descansar el nuevo futuro de la humanidad. Habrá que hacerle muchos cambios, todos lo sabemos, pero deberemos empezar por delinear nuevos criterios, nuevas estrategias, nuevas visiones socio-económicas, nuevos patrones de medida. El cambio sin duda vendrá desde muchos frentes, reuniendo diferentes visiones y esperanzas, uniendo fuerzas y proyectos dispares. Una cosa es segura, quienes ahora se benefician de nuestra pobreza e insatisfacción serán acérrimos opositores a todo cambio por pequeño que sea, a menos que se trate solamente de esos pequeños pasos, que comentara al principio, que no conducen a nada más que a prolongar la actual agonía global.

Deberemos plantearnos que las verdades actuales pueden no ser tales. Tal vez no sea cierto que la riqueza sea el capital y su instancia más común el dinero. Tal vez no sea cierto que "no hay" para atender las demandas de los necesitados. Tal vez no sea cierto que está en nuestra naturaleza ser egoístas y mezquinos. Tal vez el fallo de las alternativas que se nos antojan más progresistas se deba en gran parte a aquello que por parecernos “obvio” no estamos esforzándonos en cambiar activamente.

Tenemos que plantearnos un nuevo mundo, una nueva forma de hacer política y fundamentalmente una nueva economía. Debemos poner en evidencia las mentiras que los actuales dueños del mundo nos quieren hacer creer y plantear alternativas que apunten al desarrollo sostenible, a la empatía, a la solidaridad. Estará en nosotros hacer que la actual concesión que unos pocos tienen para el uso y abuso del mundo, sus recursos y sus gentes expire más temprano que tarde.


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