viernes, junio 30, 2006

No más economía de la escasez!

¿Cree usted que el número de átomos en todo el universo [conocido] es escaso? Sin duda que no. ¿Tiene idea de cuantos serían éstos? Veamos, en la Tierra hay aproximadamente 250 cuatrillones de átomos (250 billones de billones); esto es 250 seguido por 24 ceros, o lo que es lo mismo 250 multiplicado por 10 elevado a la potencia 24 (se escribe algo así como 250 x 10^24. ¿Son muchos verdad? ¿Cuántos entonces habría en todo el universo? Las estimaciones más aceptadas rondan los 10^80 átomos; esto es un 10 seguido por 80 ceros (una cifra inmensa, sin duda alguna, pero que a pesar de ello está tan alejada del infinito como el número 2!).

Tratando entonces de contestar la pregunta original, el número de átomos en el universo, aunque finito y acotado, no es para nada escaso. ¿Por qué? Bueno, porque “escasez” es “insuficiencia”. Podemos afirmar que estamos ante una condición de escasez si necesitamos de algo que no tenemos en cantidades suficientes para saciar la mencionada necesidad.

Lo que no podemos hacer es establecer como sinónimos los términos “escasez” y “finitud”. En otras palabras, algo por ser finito no es necesariamente escaso. Si así fuera podríamos borrar del diccionario la palabra “abundante”, porque a menos que estemos hablando de las partículas virtuales que plagan los escritos de mecánica cuántica, todo, hasta el número total de átomos en el universo conocido, es finito. Nótese que en notación científica la cifra 10^80 solamente emplea 5 caracteres para ser escrita. Es una suerte para los físicos que los economistas aún no se hayan dado cuenta que todos los átomos del universo conocido son buenos candidatos a su tan necesaria administración.

El problema de fondo es que muchos economistas nos tienen habituados a la falaz afirmación de que “aunque quisiéramos distribuir no alcanzaría, los recursos son escasos“. A esta altura parece bastante obvio que lo que realmente escasea son las ideas, los principios y el deseo de un mundo más justo y solidario. La definición tradicional de economía es a esta altura más que sabida y manejada por todos quienes de una u otra forma han incursionado en el tema y se podría sintetizar en la siguiente frase: “La economía es la disciplina que administra los recursos escasos” (ver http://www.promonegocios.net/economia/definicion-economia.html). Pero si la analizamos a fondo no podemos dejar de notar que con semejante definición estamos aceptando el fracaso antes de enfrentar el reto.
Estos predicadores de la pobreza y la desesperanza, como diría Zaratustra, lloran su pequeñez e impotencia mientras apoyan, directa o indirectamente, a los grandes y poderosos a imponer sus voluntades al mundo entero.

El paradigma de la escasez, ése que tanto defienden los dueños del mundo y sus asalariados administradores, no es más que una excusa. Una alfombra bajo la cual barrer la culpa por el sufrimiento generalizado que sus mezquinos accionares provocan a diario a miles de millones de personas en todo el mundo. Los grandes problemas de la humanidad no se deben a la escasez de recursos, sino que son consecuencia directa de la mala asignación de las prioridades presupuestales y de la injusta distribución de la riqueza social. Según el Instituto Estocolmo de Investigaciones para la Paz Internacional el gasto militar durante el año 2005 se estima en aproximadamente 1 billón de dólares (1 millón de millones) (ver http://www.sipri.org/contents/milap/milex/mex_trends.html); ¿alguien puede sostener seriamente que la lucha contra el hambre, las enfermedades y el sufrimiento endémico causado por la pobreza sistémica, no tiene de dónde obtener recursos financieros abundantes? El problema, muy sabido por todos, es que es más rentable matar que curar, reprimir que educar, atacar que comerciar e imponer que concertar.

Los problemas del mundo no se deben a recursos escasos ni carencias técnicas, logísticas o productivas. Son, prácticamente sin excepción, una consecuencia directa de las políticas económicas aplicadas en cada caso particular y a nivel global en general. ¿Pero qué se puede esperar de los administradores de la escasez? La economía, la disciplina económica, debería ser vista como aquella que administrando los recursos disponibles y procurando la abundancia de los escasos permita saciar todas las necesidades, los gustos y los caprichos, en ese orden.

No más economía de la escasez!


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martes, junio 27, 2006

Los dueños del mundo

En el mundo una minoría privilegiada hace y deshace a voluntad, con el único freno de los intereses contrapuestos entre diferentes integrantes de la misma. El pasado, presente y futuro de las enormes mayorías, la justicia social, el derecho a la igualdad entre seres humanos, el sufrimiento por el que atraviesan miles de millones de sus semejantes y la muerte temprana de muchos por causa de la pobreza endémica, como tantos otros temas, le son ajenos, no le importan.

El bien colectivo y la sustentabilidad del desarrollo humano, en los decires y discursos de los dueños del mundo, son solamente excusas y argumentos esgrimidos desde algunos de sus sectores con el único objetivo de beneficiarse explotando algunas de sus ventajas competitivas. Si, claro, entre ellos existe canibalismo, la lucha por dominar su estanque global, la supervivencia del más [económicamente] apto.

Por eso es importante no dejarse confundir por sus transitorias alianzas y antagonismos internos, ellos nunca han estado ni estarán, de nuestro lado, sin importar que circunstancialmente se muestren coincidentes con algunas de nuestras reivindicaciones, reclamos o aspiraciones. Su piel de cordero tarde o temprano caerá para mostrarnos al lobo que se esconde debajo. Al raspar un poco su cáscara siempre aflorará la verdad de sus objetivos: La defensa irrestricta de sus propios intereses personales o sectoriales, sin medir consecuencias ni detenerse a pensar si está bien o mal, si causan daño o perjudican inocentes.

Su prédica de “el mundo tal cual es” busca extender su hegemonía y control por tiempo indefinido. Algunas veces, mutando externamente a posiciones “progresistas”, proponen y efectúan pequeños cambios para que todo siga como está. “Poco a poco superaremos las crisis e iremos avanzando hacia un mundo mejor” –vociferan una y otra vez intentando acallar los gritos de reclamo por un mundo más justo. El único requisito que plantean es que se les permita aplicar sus estrategias, recetas y metodologías en un marco de completa desregulación y sin ningún tipo de intervención [estatal] que pueda limitar o entorpecer sus acciones.

El mercado, librado a su acción, se autorregulará en beneficio de todos” –dicen una y otra vez. Pero esta no es otra cosa que la vieja mano invisible que Adam Smith popularizara y de la cual no existe la menor prueba empírica que soporte la tan mentada acción reguladora “en beneficio de todos”. Todo lo contrario, quienes reclaman desregulación y proponen el libre accionar del dios mercado son aquellos que sistemáticamente han lucrado con la pobreza y las necesidades insatisfechas de sus congéneres.

Ellos defienden la filosofía del “sálvese quien pueda” y recomiendan “hacé la tuya, no seas bobo, pensá solamente en ti”. Pero bueno, al menos nos queda la esperanza de que, como escribió Discepolín, allá en horno se vamo a encontrar!

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