martes, junio 27, 2006

Los dueños del mundo

En el mundo una minoría privilegiada hace y deshace a voluntad, con el único freno de los intereses contrapuestos entre diferentes integrantes de la misma. El pasado, presente y futuro de las enormes mayorías, la justicia social, el derecho a la igualdad entre seres humanos, el sufrimiento por el que atraviesan miles de millones de sus semejantes y la muerte temprana de muchos por causa de la pobreza endémica, como tantos otros temas, le son ajenos, no le importan.

El bien colectivo y la sustentabilidad del desarrollo humano, en los decires y discursos de los dueños del mundo, son solamente excusas y argumentos esgrimidos desde algunos de sus sectores con el único objetivo de beneficiarse explotando algunas de sus ventajas competitivas. Si, claro, entre ellos existe canibalismo, la lucha por dominar su estanque global, la supervivencia del más [económicamente] apto.

Por eso es importante no dejarse confundir por sus transitorias alianzas y antagonismos internos, ellos nunca han estado ni estarán, de nuestro lado, sin importar que circunstancialmente se muestren coincidentes con algunas de nuestras reivindicaciones, reclamos o aspiraciones. Su piel de cordero tarde o temprano caerá para mostrarnos al lobo que se esconde debajo. Al raspar un poco su cáscara siempre aflorará la verdad de sus objetivos: La defensa irrestricta de sus propios intereses personales o sectoriales, sin medir consecuencias ni detenerse a pensar si está bien o mal, si causan daño o perjudican inocentes.

Su prédica de “el mundo tal cual es” busca extender su hegemonía y control por tiempo indefinido. Algunas veces, mutando externamente a posiciones “progresistas”, proponen y efectúan pequeños cambios para que todo siga como está. “Poco a poco superaremos las crisis e iremos avanzando hacia un mundo mejor” –vociferan una y otra vez intentando acallar los gritos de reclamo por un mundo más justo. El único requisito que plantean es que se les permita aplicar sus estrategias, recetas y metodologías en un marco de completa desregulación y sin ningún tipo de intervención [estatal] que pueda limitar o entorpecer sus acciones.

El mercado, librado a su acción, se autorregulará en beneficio de todos” –dicen una y otra vez. Pero esta no es otra cosa que la vieja mano invisible que Adam Smith popularizara y de la cual no existe la menor prueba empírica que soporte la tan mentada acción reguladora “en beneficio de todos”. Todo lo contrario, quienes reclaman desregulación y proponen el libre accionar del dios mercado son aquellos que sistemáticamente han lucrado con la pobreza y las necesidades insatisfechas de sus congéneres.

Ellos defienden la filosofía del “sálvese quien pueda” y recomiendan “hacé la tuya, no seas bobo, pensá solamente en ti”. Pero bueno, al menos nos queda la esperanza de que, como escribió Discepolín, allá en horno se vamo a encontrar!

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