No más economía de la escasez!
¿Cree usted que el número de átomos en todo el universo [conocido] es escaso? Sin duda que no. ¿Tiene idea de cuantos serían éstos? Veamos, en la Tierra hay aproximadamente 250 cuatrillones de átomos (250 billones de billones); esto es 250 seguido por 24 ceros, o lo que es lo mismo 250 multiplicado por 10 elevado a la potencia 24 (se escribe algo así como 250 x 10^24. ¿Son muchos verdad? ¿Cuántos entonces habría en todo el universo? Las estimaciones más aceptadas rondan los 10^80 átomos; esto es un 10 seguido por 80 ceros (una cifra inmensa, sin duda alguna, pero que a pesar de ello está tan alejada del infinito como el número 2!).
Tratando entonces de contestar la pregunta original, el número de átomos en el universo, aunque finito y acotado, no es para nada escaso. ¿Por qué? Bueno, porque “escasez” es “insuficiencia”. Podemos afirmar que estamos ante una condición de escasez si necesitamos de algo que no tenemos en cantidades suficientes para saciar la mencionada necesidad.
Lo que no podemos hacer es establecer como sinónimos los términos “escasez” y “finitud”. En otras palabras, algo por ser finito no es necesariamente escaso. Si así fuera podríamos borrar del diccionario la palabra “abundante”, porque a menos que estemos hablando de las partículas virtuales que plagan los escritos de mecánica cuántica, todo, hasta el número total de átomos en el universo conocido, es finito. Nótese que en notación científica la cifra 10^80 solamente emplea 5 caracteres para ser escrita. Es una suerte para los físicos que los economistas aún no se hayan dado cuenta que todos los átomos del universo conocido son buenos candidatos a su tan necesaria administración.
El problema de fondo es que muchos economistas nos tienen habituados a la falaz afirmación de que “aunque quisiéramos distribuir no alcanzaría, los recursos son escasos“. A esta altura parece bastante obvio que lo que realmente escasea son las ideas, los principios y el deseo de un mundo más justo y solidario. La definición tradicional de economía es a esta altura más que sabida y manejada por todos quienes de una u otra forma han incursionado en el tema y se podría sintetizar en la siguiente frase: “La economía es la disciplina que administra los recursos escasos” (ver http://www.promonegocios.net/economia/definicion-economia.html). Pero si la analizamos a fondo no podemos dejar de notar que con semejante definición estamos aceptando el fracaso antes de enfrentar el reto.
Estos predicadores de la pobreza y la desesperanza, como diría Zaratustra, lloran su pequeñez e impotencia mientras apoyan, directa o indirectamente, a los grandes y poderosos a imponer sus voluntades al mundo entero.
El paradigma de la escasez, ése que tanto defienden los dueños del mundo y sus asalariados administradores, no es más que una excusa. Una alfombra bajo la cual barrer la culpa por el sufrimiento generalizado que sus mezquinos accionares provocan a diario a miles de millones de personas en todo el mundo. Los grandes problemas de la humanidad no se deben a la escasez de recursos, sino que son consecuencia directa de la mala asignación de las prioridades presupuestales y de la injusta distribución de la riqueza social. Según el Instituto Estocolmo de Investigaciones para la Paz Internacional el gasto militar durante el año 2005 se estima en aproximadamente 1 billón de dólares (1 millón de millones) (ver http://www.sipri.org/contents/milap/milex/mex_trends.html); ¿alguien puede sostener seriamente que la lucha contra el hambre, las enfermedades y el sufrimiento endémico causado por la pobreza sistémica, no tiene de dónde obtener recursos financieros abundantes? El problema, muy sabido por todos, es que es más rentable matar que curar, reprimir que educar, atacar que comerciar e imponer que concertar.
Los problemas del mundo no se deben a recursos escasos ni carencias técnicas, logísticas o productivas. Son, prácticamente sin excepción, una consecuencia directa de las políticas económicas aplicadas en cada caso particular y a nivel global en general. ¿Pero qué se puede esperar de los administradores de la escasez? La economía, la disciplina económica, debería ser vista como aquella que administrando los recursos disponibles y procurando la abundancia de los escasos permita saciar todas las necesidades, los gustos y los caprichos, en ese orden.
No más economía de la escasez!
pablomir.uy@gmail.com
http://pablomir.blogspot.com
Tratando entonces de contestar la pregunta original, el número de átomos en el universo, aunque finito y acotado, no es para nada escaso. ¿Por qué? Bueno, porque “escasez” es “insuficiencia”. Podemos afirmar que estamos ante una condición de escasez si necesitamos de algo que no tenemos en cantidades suficientes para saciar la mencionada necesidad.
Lo que no podemos hacer es establecer como sinónimos los términos “escasez” y “finitud”. En otras palabras, algo por ser finito no es necesariamente escaso. Si así fuera podríamos borrar del diccionario la palabra “abundante”, porque a menos que estemos hablando de las partículas virtuales que plagan los escritos de mecánica cuántica, todo, hasta el número total de átomos en el universo conocido, es finito. Nótese que en notación científica la cifra 10^80 solamente emplea 5 caracteres para ser escrita. Es una suerte para los físicos que los economistas aún no se hayan dado cuenta que todos los átomos del universo conocido son buenos candidatos a su tan necesaria administración.
El problema de fondo es que muchos economistas nos tienen habituados a la falaz afirmación de que “aunque quisiéramos distribuir no alcanzaría, los recursos son escasos“. A esta altura parece bastante obvio que lo que realmente escasea son las ideas, los principios y el deseo de un mundo más justo y solidario. La definición tradicional de economía es a esta altura más que sabida y manejada por todos quienes de una u otra forma han incursionado en el tema y se podría sintetizar en la siguiente frase: “La economía es la disciplina que administra los recursos escasos” (ver http://www.promonegocios.net/economia/definicion-economia.html). Pero si la analizamos a fondo no podemos dejar de notar que con semejante definición estamos aceptando el fracaso antes de enfrentar el reto.
Estos predicadores de la pobreza y la desesperanza, como diría Zaratustra, lloran su pequeñez e impotencia mientras apoyan, directa o indirectamente, a los grandes y poderosos a imponer sus voluntades al mundo entero.
El paradigma de la escasez, ése que tanto defienden los dueños del mundo y sus asalariados administradores, no es más que una excusa. Una alfombra bajo la cual barrer la culpa por el sufrimiento generalizado que sus mezquinos accionares provocan a diario a miles de millones de personas en todo el mundo. Los grandes problemas de la humanidad no se deben a la escasez de recursos, sino que son consecuencia directa de la mala asignación de las prioridades presupuestales y de la injusta distribución de la riqueza social. Según el Instituto Estocolmo de Investigaciones para la Paz Internacional el gasto militar durante el año 2005 se estima en aproximadamente 1 billón de dólares (1 millón de millones) (ver http://www.sipri.org/contents/milap/milex/mex_trends.html); ¿alguien puede sostener seriamente que la lucha contra el hambre, las enfermedades y el sufrimiento endémico causado por la pobreza sistémica, no tiene de dónde obtener recursos financieros abundantes? El problema, muy sabido por todos, es que es más rentable matar que curar, reprimir que educar, atacar que comerciar e imponer que concertar.
Los problemas del mundo no se deben a recursos escasos ni carencias técnicas, logísticas o productivas. Son, prácticamente sin excepción, una consecuencia directa de las políticas económicas aplicadas en cada caso particular y a nivel global en general. ¿Pero qué se puede esperar de los administradores de la escasez? La economía, la disciplina económica, debería ser vista como aquella que administrando los recursos disponibles y procurando la abundancia de los escasos permita saciar todas las necesidades, los gustos y los caprichos, en ese orden.
No más economía de la escasez!
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