Transparencia Total
En la lucha contra la corrupción y la especulación, la transparencia es un camino con buenas perspectivas de obtener al menos un éxito parcial en el corto y mediano plazo; pero ésta, para ser efectiva debe ser total. Esto apunta fundamentalmente a prevenir y combatir tales flagelos dificultando su puesta en práctica mediante la autocensura que uno mismo aplica al ser pública la información de sus accionares, al mismo tiempo que facilita la operativa de los organismos de contralor.
Pretende levantar el velo de impunidad política, burocrática y comercial que cubre nuestros ojos y crea los marcos adecuados para que quienes tienen potestad de hacerlo se queden con lo nuestro y nos condenen a condiciones de vida cada vez peores. Debe hacerlo apuntando a crear las condiciones para desarrollar nuestra libertad a pleno, sin ocultamientos, con total conocimiento de los diferentes aspectos involucrados en los procesos y acciones sobre las que en libertad deberíamos poder optar.
¿Podríamos no estar de acuerdo con una total transparencia? Claro que sí, por vergüenza o temor a que nuestras acciones pasadas, presentes o futuras pongan en evidencia que no fuimos, no somos o podríamos llegar a no ser tan “ideales”, tan”nobles” ni tan “buenos” como deseamos serlo o parecerlo. Pero si la transparencia irrestricta fuera el común denominador y nuestras acciones siempre siguieran las líneas esperadas de conducta no habría motivos para temerle a dicha transparencia. ¿Qué cuáles son las líneas esperadas de conducta que nuestras acciones deberían seguir? Aquellas que esperamos sigan las del resto de los individuos.
Una vez vencida la traba mental a abrirnos al resto y aceptar ser transparentes, en base a saber que todos también lo serán, estaremos en una posición mucho mejor para combatir no solamente la corrupción, sino además acciones especulativas que de la mano del fantasma inflacionario mantienen a toda la humanidad rehén de la pobreza y la miseria a cambio de una falsa estabilidad para unos pocos que cada vez son menos. Y esto no requiere un avance en nuestra humanidad o que de golpe nos convirtamos en santos, solamente que seamos honestos con nosotros mismos en aceptar que las ventajas a futuro son mucho mayores que los contratiempos que se puedan suscitar y las contrariedades de renunciar a las visiones cortoplacistas que nuestra avaricia y codicia nos puedan pintar (las cuales por cierto tienen la desagradable tendencia a no materializarse, al menos para la inmensa mayoría de los individuos).
Debemos reconocer definitivamente que el bien del colectivo debe imperar por sobre el individual, y que en la enorme mayoría de los casos el bien colectivo y el individual están en fase. Solamente una minoría se beneficia con lo contrario, es hora de hacer las cosas bien para todos y terminar con los privilegios ilegítimos que unos pocos reciben y que los demás, catequizados de que éste es el camino correcto a pesar de que vemos a diestra y siniestra que la realidad difiere con ello, aceptamos sin vacilar.
¿Causa estupor pensar en que nuestra situación patrimonial pueda ser fácilmente conocida por otros? ¿Nos asusta pensar que la verdad sobre los márgenes de utilidad de nuestros productos y servicios quede al alcance de todos? ¿Cómo nos afectaría el conocimiento popular sobre la legitimidad o no de la procedencia de nuestros ingresos? Si no ocultamos al mundo nuestra dirección física, ¿por qué hacerlo con nuestro patrimonio? ¿Qué posible ventaja circunstancial esperamos obtener de mantener un manto de sombra sobre nuestras verdades económicas individuales?
Pero no alcanza con decretar el ser transparentes; hay que establecer un nuevo orden administrativo que se oriente en esta dirección. ¿Podemos creer a ojos cerrados las declaraciones patrimoniales de nuestros gobernantes si éstas están dadas en un sistema que se especializa en fraguar falsas declaraciones y proveer caminos de ocultamiento y evasión? Solamente tornando el sistema transparente para todos es que podremos ponerle fin a los flagelos que diezman la humanidad socializando dolor y sufrimiento para que unos pocos impunemente se queden con lo ajeno amparados en la infamia de sus secretos y el fomento de la desconfianza y el miedo.
Un sistema de transparencia total es un concepto que no solamente impacta de muerte al fantasma especulativo en general y a la inflación en particular, sino que además abre la puerta a una sociedad más justa para todos. Sus implicancias no son meramente inmiscuirse en los asuntos económicos de los demás, sino que alcanzan a establecer el entorno propicio para una verdadera independencia financiera y el fin de la escasez monetaria y productiva.
Pretende levantar el velo de impunidad política, burocrática y comercial que cubre nuestros ojos y crea los marcos adecuados para que quienes tienen potestad de hacerlo se queden con lo nuestro y nos condenen a condiciones de vida cada vez peores. Debe hacerlo apuntando a crear las condiciones para desarrollar nuestra libertad a pleno, sin ocultamientos, con total conocimiento de los diferentes aspectos involucrados en los procesos y acciones sobre las que en libertad deberíamos poder optar.
¿Podríamos no estar de acuerdo con una total transparencia? Claro que sí, por vergüenza o temor a que nuestras acciones pasadas, presentes o futuras pongan en evidencia que no fuimos, no somos o podríamos llegar a no ser tan “ideales”, tan”nobles” ni tan “buenos” como deseamos serlo o parecerlo. Pero si la transparencia irrestricta fuera el común denominador y nuestras acciones siempre siguieran las líneas esperadas de conducta no habría motivos para temerle a dicha transparencia. ¿Qué cuáles son las líneas esperadas de conducta que nuestras acciones deberían seguir? Aquellas que esperamos sigan las del resto de los individuos.
Una vez vencida la traba mental a abrirnos al resto y aceptar ser transparentes, en base a saber que todos también lo serán, estaremos en una posición mucho mejor para combatir no solamente la corrupción, sino además acciones especulativas que de la mano del fantasma inflacionario mantienen a toda la humanidad rehén de la pobreza y la miseria a cambio de una falsa estabilidad para unos pocos que cada vez son menos. Y esto no requiere un avance en nuestra humanidad o que de golpe nos convirtamos en santos, solamente que seamos honestos con nosotros mismos en aceptar que las ventajas a futuro son mucho mayores que los contratiempos que se puedan suscitar y las contrariedades de renunciar a las visiones cortoplacistas que nuestra avaricia y codicia nos puedan pintar (las cuales por cierto tienen la desagradable tendencia a no materializarse, al menos para la inmensa mayoría de los individuos).
Debemos reconocer definitivamente que el bien del colectivo debe imperar por sobre el individual, y que en la enorme mayoría de los casos el bien colectivo y el individual están en fase. Solamente una minoría se beneficia con lo contrario, es hora de hacer las cosas bien para todos y terminar con los privilegios ilegítimos que unos pocos reciben y que los demás, catequizados de que éste es el camino correcto a pesar de que vemos a diestra y siniestra que la realidad difiere con ello, aceptamos sin vacilar.
¿Causa estupor pensar en que nuestra situación patrimonial pueda ser fácilmente conocida por otros? ¿Nos asusta pensar que la verdad sobre los márgenes de utilidad de nuestros productos y servicios quede al alcance de todos? ¿Cómo nos afectaría el conocimiento popular sobre la legitimidad o no de la procedencia de nuestros ingresos? Si no ocultamos al mundo nuestra dirección física, ¿por qué hacerlo con nuestro patrimonio? ¿Qué posible ventaja circunstancial esperamos obtener de mantener un manto de sombra sobre nuestras verdades económicas individuales?
Pero no alcanza con decretar el ser transparentes; hay que establecer un nuevo orden administrativo que se oriente en esta dirección. ¿Podemos creer a ojos cerrados las declaraciones patrimoniales de nuestros gobernantes si éstas están dadas en un sistema que se especializa en fraguar falsas declaraciones y proveer caminos de ocultamiento y evasión? Solamente tornando el sistema transparente para todos es que podremos ponerle fin a los flagelos que diezman la humanidad socializando dolor y sufrimiento para que unos pocos impunemente se queden con lo ajeno amparados en la infamia de sus secretos y el fomento de la desconfianza y el miedo.
Un sistema de transparencia total es un concepto que no solamente impacta de muerte al fantasma especulativo en general y a la inflación en particular, sino que además abre la puerta a una sociedad más justa para todos. Sus implicancias no son meramente inmiscuirse en los asuntos económicos de los demás, sino que alcanzan a establecer el entorno propicio para una verdadera independencia financiera y el fin de la escasez monetaria y productiva.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home