sábado, julio 07, 2007

Seguir aceptando mentiras será culpa sólo nuestra!

La Tierra redonda y moviéndose. El universo más viejo de lo que nos quisieron hacer creer.
La humanidad el fruto de cambios y adaptaciones de muy modestos pero grandiosos comienzos mas que caprichoso diseño a imágen y semejanza divina. Las inconmensurabilidades de Descartes y Kant cada vez menos vislumbrables. La razón, el escepticismo y la lógica como herramientas imprescindibles para soñar con la posibilidad de arribar a las verdades del momento. Todo apunta a hacernos negar categóricamente la tan infame como subliminal idea que la realidad que nos rodea instala en nuestras mentes de que el Averno está aquí, con nosotros, ya.

Tal vez el dinero no esté cumpliendo la función de medio de intercambio que supuestamente tiene. Quizás ésa no sea la única o la mejor de sus funciones. Puede existir la posibilidad de que su definición y respaldo fueran adaptándose a los intereses egoístas de quienes lo emitían, controlaban y sentían ese compulsivo deseo de atesorarlo, sin prestar mayor atención a las crecientes necesidades de los muchos otros que financian con su miseria la inmoral opulencia y el vil despilfarro de un puñado de insensatos que creyéndose señores no están más que empedrando el camino al infierno con sus no tan buenas intenciones.

El reconocer la ineludible obligación de reponer lo depredado a la naturaleza como única forma de mantener las condiciones del planeta para las futuras generaciones es solamente uno de los puntos la nueva economía deberá atender. En igualdad de condiciones se encuentra el replanteo del verdadero rol del dinero como unidad de medida de la riqueza real y no como una variable especulativa que obre de instrumento de control y dominio.

Fundamental es además el planteamiento de mejores instrumentos de reactivación económica aplicables sin utópicas transformaciones que deban extenderse por generaciones y generaciones antes de comenzar a dar frutos.


Pablo Mir
josepablomir@centroindev.org
pablomir.uy@gmail.com
pablomir.blogspot.com

miércoles, julio 04, 2007

Asegurar el bienestar puede estar a la vuelta de la esquina!

La humanidad en su conjunto tiene una inmensa capacidad productiva; sin embargo gran parte de la población mundial no tiene satisfechas sus necesidades más básicas. La verdadera escasez es distributiva y no productiva como se nos quiere hacer creer.

Las faltas, las insuficiencias, los “no hay más” no se de deben a problemas de infraestructura o limitaciones tecnológicas sino simple y tristemente a la avaricia y la especulación.

Es especulación la asignación de ingentes recursos a planes bélicos, cuando con mucho menos se podría poner fin a tantos males que afligen a diario a tantos de nuestros congéneres.

Es especulación cuando se mantienen en pié sistemas económicos ilógicos y antinaturales con el único fin de seguir viviendo a costilla de quienes a fuerza de músculo y/o intelecto trabajan adía a día (con suerte) para que otros gocen de los beneficios alcanzados.

Eliminar la explotación del hombre por el hombre asegurando el bienestar de la población mediante la instrumentación de políticas distributivas del ingreso es la única forma que tiene la sociedad para avanzar, como un todo, hacia un futuro promisorio.

El libre mercado solamente será tal cuando todos, libremente, podamos acceder a él en condiciones iniciales de similar orden de magnitud. La mayor utopía político-económica es aspirar a un mercado libre que por arte de magia corrija las diferencias sociales y redistribuya la riqueza en la justa medida de los esfuerzos individuales asegurando, dentro de ciertos márgenes de error socialmente admisibles, la igualdad de oportunidades y una vida digna para todos.

La mayor mentira político-económica es afirmar que el actual sistema político’económico es no solamente “natural” sino que conforma un estado estable que puede ser corregido y adaptado pero que no debe ser cambiado radicalmente por ser el agregado grupal de la persecución individual del bienestar.

El uso de la razón, la lógica y el sentido común, adecuadamente dosificados con el tan necesario escepticismo y el imprescindible respaldo científico son los verdaderos caminos a seguir en el planteo de un mundo mejor para todos.

Alejar el misticismo de los predicadores de la pobreza y la desesperanza (los economistas ortodoxos), que por tanto tiempo ha manejado nuestro destino en franca trayectoria de colisión directa con la miseria y el sinsentido, es más imperativo cada día.

Pero dar el primer paso cuesta más de lo que la lógica indica. Tenemos que vencer esa inercia, ese estatismo que frena nuestro arranque para "empezar a hacer". Entre todos debemos fabricar un mejor mañana a partir del hoy que tenemos disponible.

Pablo Mir
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